Texto / Archivo

Sobre la obra de Yoel Almaguer

Una lectura temprana de su obra que recorre su tránsito de la cerámica a la instalación y el dibujo, atendiendo a conceptos como el tiempo, el poder y la desmitificación del héroe.

YOel Almaguer | Serie “El Poder”, 1995
Acrílico sobre cartulina, 30x45cm

El barro y el hombre entrañan para el ceramista un todo, un enigma que va tomando forma y nombre. En Yoel Almaguer la cerámica se integra por su actualidad artística al desarrollo de nuestras artes plásticas.

Quién mejor que él para demostrar insistencia y oficio. Haciendo un balance apretado de su obra, recuerdo que al principio aquellos trenes de barro cargaban en sus coches, no sólo la infancia que se iba paulatinamente, de Yoel adolescente, sino que había un propósito estético y conceptual. Esos trenes cargaban, transportaban un pasado, una cultura milenaria hasta nuestros días.En ellos los megalitos de la cultura inglesa retornaban, como testimonio de su existencia y poderío. En fin, la huella humana resumía el propósito del artista.

“Espacio y tiempo han renacido hoy para nosotros...” Hasta el momento Yoel había trabajado el paso del tiempo; pero ya le preocupa el espacio como elemento físico entre dos conceptos, mediando el concepto hombre-obra. Yoel recurre a la instalación y para ello utiliza piezas que por lo simple delatan su relación con el hombre. Piezas quebradas, dispersas por el espacio que ocupan, representan un solar yermo, patios abandonados a la intemperie donde quedó el indicio de que por ahí, con esas herramientas anduvo el hombre y que por su condición cotidiana pasan inadvertidas.

Las vasijas, dan un tono intimista, familiar, sin pretensiones industriales, porque las vasijas son pocas, son las vasijas del hogar, hechas para la madre, para el agua familiar del mediodía.

Por eso, “Espacio y tiempo han renacido hoy para nosotros”. Persiste en Yoel el misterio por la existencia del hombre, el hombre como especie biológica. De ahí que moldee el busto, la silueta que en la lejanía uno divisa sin limitaciones de razas, o nacionalidades, y menos, diferencias religiosas o políticas.

Un hombre en toda su magnitud y agonía histórica. De esa etapa se desprende una clave: en la Universidad de Wesleyan, Estados Unidos, quedó una pieza que sirve de enlace para que Yoel definiera otra línea de trabajo, el culto a la personalidad como concepto.

Sobre la obra de Yoel Almaguer

«... una buena tarde decide hacerse un busto: “Honrar, honra”, ese es el tema a trabajar. Yoel, irónicamente se cree héroe y propone honrarse, para criticar la mitificación del héroe»

El artista logra lo sublime, utilizando el recurso de la ironía y una buena tarde decide hacerse un busto: “Honrar, honra”, ese es el tema a trabajar. Yoel, irónicamente se cree héroe y propone honrarse, para criticar la mitificación del héroe, entonces es cuando logra la temprana madurez que le da un lugar entre los ceramistas de su generación.

Para proyectar, Yoel dibujaba lo que después tendría forma en el barro, hasta el momento había desistido del dibujo artístico; pero ya se torna necesario, inquieta en él dibujar monumentos. Sutilmente integra el concepto del “poder”, rompiendo la verticalidad solemne del monumento, como elemento ilustrativo, la columna terminada en estrella se abre en dos, a la mitad, para que la cúpula esté más cerca de nosotros, de la tierra, al alcance de las manos del niño que pasa y queda ensimismado contemplando un monumento diferente, menos mitificado.

«El héroe abandonó el pedestal, se fue el héroe a vivir entre los vivos a respirar, se fue el héroe convertido en hombre. Se cansó de que la lluvia y el sol lo golpearan estoicamente, sin poder nada, y salta del pedestal.»

Continúa dibujando hasta hacer de las anteriores proyecciones, una línea estética y conceptual. El “poder”, en toda la acepción de la palabra le permite mantener esta línea de trabajo.

El héroe abandonó el pedestal, se fue el héroe a vivir entre los vivos a respirar, se fue el héroe convertido en hombre. Se cansó de que la lluvia y el sol lo golpearan estoicamente, sin poder nada, y salta del pedestal.

Es válido especular de esta manera, porque Yoel es obsesivo con la desmitificación, para él, héroe, es una edad de oro, un tiempo que propone otras perspectivas a los hombres que cohabitan con esa edad.

Distanciándose del concepto Yoel Almaguer ambiciona las formas, su meta ahora es representar el sonido, para lograrlo se vale del dibujo y la palabra escrita. Hasta ahora, a nadie se le había ocurrido dibujar un monumento y al lado, o mejor, en la parte más frágil, una simple palabra, “un sonido”: crack. He aquí la humanización de la pieza que ya suena, ya dice: está bueno de ser erecta, vertical, yo quiero que me den otra forma. Así Yoel propone, especula, crea, provocando la polémica sana tan necesaria y vital para el desarrollo social.

«Yoel no es un héroe, vino del barro y al barro irá seguro de su talento»

Por ahí anda Yoel con su mochila en la espalda, cargada de ingenio y sencillez, porque Yoel no es un héroe, vino del barro y al barro irá seguro de su talento, de la cordura que lo caracteriza como hombre de barro, amigo de los hombres y no lobo de los hombres.

Para más, es tan sencillo, que a veces él no sabe, que en su mochila carga un pedazo de posteridad.

Sobre la obra de Yoel Almaguer