
En el arte de Almaguer se distingue una conciencia profundamente crítica, desmitificadora de ciertos códigos que, al aspirar a la sacralización, han conseguido en el mundo de los hechos reales todo lo contrario: pérdida, negación, levedad... Tribunas, catedrales, bustos, micrófonos, cruces, puentes que se repiten y se niegan por el principio de la ironía y del sarcasmo perpetuo.
«"Tribunas, catedrales, bustos, micrófonos, cruces, puentes que se repiten y se niegan por el principio de la ironía y del sarcasmo perpetuo"»
El conceptualismo de su obra consigue destacar un espacio de violencia en el mundo de hoy. De ahí esas campanas que parecen doblar por nosotros: viejos símbolos que se derrumban bajo la fría mirada del artista. Pero cuidado, la aparente frialdad, esa fe oscura y trágica, que intenta explicarse las esencias de un mundo condenado, esconde otra voz que como Ismael público clama en el desierto.